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La villa de Bergara nació en el siglo XIII en torno al lugar en el que se ubica la parroquia de San Pedro de Ariznoa.

El templo que hoy admiramos se construyó sobre los cimientos de una iglesia anterior, a lo largo de cuatro campañas de obras que se desarrollaron entre las últimas décadas del siglo XV y el año 1620.

La esbelta y bella torre barroca (1742) se debe al arquitecto José de Lizardi; es, sin duda, una de sus mejores realizaciones. Entre las numerosas obras artísticas que engalanan el interior del templo mencionaremos el retablo mayor plateresco (1535-1540), uno de los primeros retablos renacentistas construidos en el País Vasco. Del siglo XVII es el Santo Cristo de la Agonía, situado en la capilla homónima bajo el coro.

Juan Pérez de Irazabal, bergarés residente en Sevilla, encargó en 1622 al escultor Juan de Mesa la realización de esta talla. De primorosa factura y sobrecogedora expresión, el Cristo de Bergara ha sido calificado por numerosos expertos y críticos como una de las mejores imágenes del Barroco universal. La iglesia cuenta también con un excepcional órgano romántico construido por la casa Stoltz-Frères en 1889.

Entre las numerosas obras artísticas que engalanan el interior del templo mencionaremos el retablo mayor plateresco (1535-1540), uno de los primeros retablos renacentistas construidos en el País Vasco, destacando por su magnificencia y calidad. Obra plenamente renacentista, excepto el Calvario, posiblemente realizada con anterioridad al resto del retablo y donde son latentes las caracteristicas de la escultura gótica; como tampoco lo es la talla central barroca de san Roque, patrón de la villa de Bergara. Es una obra de una gran complejidad iconográfica articulado en cuatro pisos y Calvario, en cinco calles sobre banco; lo encontramos en el muro central del magnifico ábside gótico del presbiterio entre dos escudos de la Villa de Begara.